
Cabe destacar que el modelo de la PNL –que es además un modelo de modelos– se apoya en la “Ley de la variedad requerida” para explicar qué es “flexibilidad”.
De acuerdo a la formulación hecha por R. Ashby como postulado de esa ley, la cantidad de selección apropiada de variables que se puede realizar en un determinado sistema está delimitada por la cantidad de información disponible. Así, para una regulación apropiada de funcionamiento de un sistema, la cantidad de variables que maneja el regulador debe ser igual o mayor que la cantidad de variables en el sistema.
En otras palabras, podríamos decir que la variedad de acciones disponibles para control de un sistema debe ser igual o mayor a la variedad de estados del sistema que son objetos de control. Si existe un incremento de variedad (y variables), la información necesariamente crecerá.
La “Ley de la variedad requerida” forma parte de la Teoría de Sistemas y de estudios de Cibernética, y en PNL nos permite entender la necesidad de establecer un grado de “variabilidad” en un determinado sistema, para que este pueda alcanzar un cierto equilibro con el ambiente donde se encuentra, adaptarse a los eventuales cambios y lograr los estados deseados que se esperan.
Por ejemplo, en una determinada sesión, nuestro cliente podría insistir en que su forma de ver el mundo es la correcta, asumiendo siempre que tiene la razón, y desde esa perspectiva, diremos que los resultados van en función de ese “control”.
Entonces, podríamos preguntarle si lo que hace lo ayuda a obtener resultados como los que quiere, ya que así le permitiríamos explorar otras alternativas, incluso mejores, y en la medida que tenga más información, podrá flexibilizar su visión de lo que vive.
Como podemos percatarnos, y siguiendo los conceptos de la “Ley de la Variedad Requerida”, será esencial un grado de “flexibilidad” en nuestra capacidad de respuesta y debe ser proporcional al cambio que enfrentamos o al desconocimiento que vivimos sobre la predictibilidad de lo que podría ocurrir.
Supongamos que ha existido un problema entre amigos, y uno de ellos, por orgullo, piensa que ya no debe hablar más sobre lo ocurrido. Para su amigo, hablar resulta esencial. Como nos podemos percatar, ambas partes están en la postura “yo estoy bien, tú estás mal”, lo que se traduce como simple “inflexibilidad”.
Nótese que NO estamos entrando en el mérito del contenido de la discordancia, sino limitando el alcance a lo que importa como resultado para este sistema. Si el sistema de los amigos le da valor a la relación, el camino sería que uno de los dos (o ambos) “flexibilizara” su posición, pues en caso contrario, ese sistema relacional puede dejar de existir o quedará dañado.
Una de las presuposiciones de la PNL, que hoy en día podemos encontrar en muchas metodologías, indica que “si haces más de lo mismo, no vas a lograr un resultado diferente”. Esto tiene su base en la “Ley de la Variedad Requerida”, pues en el fondo traduce el espíritu de la “flexibilidad” frente a resultados no esperados. Así, propone que el individuo, ante determinada situación, haga algo distinto para tener vías alternativas, con distintas estrategias, y no quede en espera de que el sistema entero cambie debido a su permanente forma de actuar.
Claro que si consideramos la performance y el rendimiento de un sistema específico, cuanto más complejo sea este, más conocimientos (y también reconocimiento) de las variables que inciden se requieren para poder abarcar un mayor ámbito de posibilidades de actuación sobre el mismo sistema.
Como ejemplo práctico, en PNL acostumbramos decir que si alguien solo tiene una alternativa, en realidad no tiene opción, y de mantenerla, lo más probable es que en algún momento una modificación en el sistema le causará inestabilidad en su respuesta y no podrá hacerle frente. Por eso, acá es importante recordar la presuposición de la PNL que señala “si lo que haces no está funcionando, debes hacer algo diferente (para que funcione)”.
Cierto que ese pensamiento conlleva una lógica que en algunos casos se contrapone a factores psicológicos como orgullo, ambición, envidia, celos, entre otros, que vienen a obstaculizar la flexibilidad, pues no existe la voluntad de hacerlo en la medida que algunas emociones lo impiden.
Para esos casos, en PNL se detecta rápidamente que por detrás de la emoción, debemos considerar el propósito de esa misma emoción o función del estado presente de la misma.
Al averiguarlo, probablemente encontraremos la llave que facilitará a nuestro cliente tomar el camino de la flexibilidad, pues lo que nos entrega como propósito, que sin duda será positivo para sí mismo/a dentro de un cierto contexto, no lo será para el nuevo resultado que busca, ni tampoco ecológico para otras personas que forman parte de su sistema.
