– ¡Son tantas historias hija!
– Pero cuéntame una…por lo menos… porfa, porfa, porfa…
– No quiero. Es que me emociono mucho sólo al pensar en todas las personas que están y no están.
– Entonces ¿porque no quieres emocionarte yo no voy a saber esas historias?
– Bien, ya sabes, los adultos a veces tenemos mucho pudor.
– ¿Qué es pudor papá?
– Ummmm … pudor es aquello que yo creo que no puedo mostrar pues, si los otros lo ven, tal vez se rian de mi…
– Ahhhh… Y qué pasa si se ríen de ti?
– Bueno, yo voy a creer que no soy una persona fuerte y valiente pues la emoción me traiciona.
– ¿Las emociones te pueden traicionar?
– Es un lenguaje metafórico, hija. Quiero decir que yo no quiero que ocurra algo y las emociones igual hacen lo que quieren hacer.
– ¿Y eso es malo?
– Siiiiiiiiiiiiiii! YA te dije. Si me pongo a llorar, las personas van a creer que no soy una persona fuerte y valiente.
– ¿Tu también creerías eso?
– Noooo! Claro que no hija. Sé que soy fuerte y valiente.
– Entonces… porqué no me cuentas la historia? …
– Bien, hija… una vez hace muchos años mi abuelo me contó que en algún lugar … alguien había nacido…
– Feliz Navidad papá… que duermas bien…

