A veces cuando estamos comunicándonos con alguien, solicitando alguna cosa, comprando, hablando con nuestros jefes, en un restaurant o con gente que no conocemos, y estamos apurados, inmersos en nuestras vidas, tendemos a tratar a la otra persona como si fuera solamente parte del proceso o del trámite en el cual estamos metidos.
La transformamos en objeto y, como objeto, después ella también nos trata.
Una mirada a los ojos, junto con una sonrisa de aprecio por el prójimo, no cuesta nada y hace un mundo de diferencia…
