
Es cierto que tener metas y objetivos, y lograr los resultados que esperas es esencial para que te vaya bien en la vida. Sean cuales sean tus metas.
Pero tal vez tengas la ilusa idea de que eso durará mucho tiempo, y puede que no sea así. Es probable que estés feliz por un tiempo acotado –ese tiempo variará de persona a persona–, pues una vez conseguido lo que quieres, esto se convierte en algo del pasado, y entonces empiezas a mirar el futuro, pensando en nuevas metas y objetivos.
Quizás sería útil preguntarnos: ¿Puede la felicidad depender de que logremos una meta?
Ten en consideración que esa meta no necesariamente va a influenciar toda tu vida, como por ejemplo, ciertas situaciones de salud, vida personal, familiar.
Cuando vivimos una circunstancia donde condicionamos la felicidad a una meta, se nos olvida el marco temporal de nuestros distintos estados de ánimo y nos focalizamos en lo que se podría llamar “la falacia de la llegada”, que implica que cuando logre (o llegue a lograr) tal meta u objetivo, seré feliz.
Claro que nos producirá placer, alegría y felicidad, pero, ¿cuánto nos durará ese estado?
Estar pendientes de que nuestros estados internos (felicidad, en este caso) se correlacionen únicamente con aquello que no tengo, y que está sujeto muchas veces a factores externos, causa una serie de problemas biológicos, conductuales e incluso interviene en la futura toma de decisiones, pues esa meta pudiera pasar a ser el centro de gravedad de todo lo que se hace.
Debes haber visto cómo ciertos jóvenes deciden a temprana edad ser jugadores de tenis o pianistas profesionales, por ejemplo. Su idea, aparte de dedicarse a la pasión de sus vidas, es, por lo general, destacarse a nivel mundial.
Esa decisión –debido a la actividad– condiciona conductas y comportamientos y hará que gran parte de su juventud esté guiada por las necesidades y disciplina férreas que implica distinguirse en lo que desean lograr.
Como bien lo sabes, pocos logran alcanzar una distinción a nivel mundial, donde millones de personas lo intentan, y luego no obtienen la “felicidad” que esperaban, por lo que deben re-encuadrar lo vivido, dándole otro significado.
De todas maneras, en el camino que recorren, estos jóvenes tienen momentos cumbres de sus logros, que se transforman en hitos de relevancia para su estado interno de felicidad.
Así, la forma como manejas tu estado interno en esa permanente espera por algo –que puede no llegar, y que cuando llega tiene una duración acotada–, pasa a ser muy relevante a lo largo de tu vida.
El Dr. Tal Ben-Shahar sostiene que plantearse objetivos es esencial para el crecimiento personal, pero también señala la importancia de tomar consciencia de ello, en la medida que puede afectar las decisiones que marcan nuestra experiencia.
Algo que puedes hacer para manejar esta situación es desconectar “la llegada” con “la felicidad” y así tener más claras las diversas dimensiones y posibilidades que existen en tu vida, pues seguramente esa meta no significará todo, y si no logras tu objetivo, bueno, será una cosa dentro de muchas otras que posees.
Además, puede ser de gran ayuda apreciar los procesos en cada etapa, más que solo focalizarse en el final o en el logro; de esta manera, independiente del resultado, vivirás un proceso de aprendizaje importante, que te permitirá crecer en cada ocasión que te aproximes a una de tus metas.
Disfrutar cada pequeño avance personal, más que una comparación con lo que existe afuera de ti, también ayudará, pues podrás entender el proceso que experimentas como uno de desarrollo propio, que puedes aplicar después en cualquier área de tu vida.
En la medida que puedas desconectar la felicidad con el logro, sucederá algo curioso, pues verás que los resultados te saldrán más fáciles de obtener. Tu mente inconsciente te permitirá relajarte sin la necesidad de imponerte nada en un mundo donde hay solo ganadores y perdedores, ya que debido a tu nuevo enfoque logras disfrutar lo que haces, sin condiciones.
