Dónde anclo mi barco. Parte 4 (final)

Con las personas también tenemos anclas. Estas pueden ser positivas o negativas, asociadas a experiencias previas tales como anécdotas amenas, momentos de cariño y amistad, situaciones chistosas, o incluso malas, como peleas y discusiones. Son experiencias que quedan en nuestra mente por mucho tiempo, como aquellas anclas que se activan cuando nos encontramos con un querido amigo de infancia. En cada una de esas experiencias usted se percatará que la persona en sí funcionará como un ancla.

Hay anclas que podríamos considerar muy negativas y que asociamos a personas con sus gestos, miradas, inflexiones de voz, que eventualmente nos retrotraen a momentos de celos, de angustia, u otras experiencias negativas.

Muchas personas conciben las experiencias de evaluación como algo negativo, pues desde pequeñas esas evaluaciones debían ser informadas en la casa y, en ocasiones, obtuvieron reprimendas o castigos, que les dejó esa sensación de “evaluación es igual problema” o significa «no pasarlo bien” hasta el día de hoy. Entonces, muchos adultos al ser evaluados sienten un cierto nerviosismo, un malestar, o derechamente lo pasan mal de antemano, pues el ancla fue ejercitada por muchos años durante el periodo de infancia, adolescencia, o preadultez.

También existen anclas “naturales”, como por ejemplo, el mar con su propio sonido que nos concede serenidad, mirar el cielo azul cuando hay pocas nubes y está despejado, sentir ciertos aromas en la primavera, ciertos sonidos de las hojas en otoño, y, sin duda, los colores. Cada una de esas anclas produce a muchas personas un cambio en un estado interno.

Las anclas más poderosas que tenemos, a pesar de que no las vemos como tal de forma tan evidente, son las palabras que usamos a diario, pues estas traducen claramente nuestro propio simbolismo.

Existen también “anclas encubiertas”, que se dan cuando alguien está anclando sin que sepamos que lo está haciendo. Esto se puede detectar cuando la otra persona realiza un movimiento repetitivo y lo asocia a una cierta palabra o una cierta idea o concepto.

Muchas veces esas anclas encubiertas han causado mala reputación a la PNL. Sin embargo, y a mi entender, no se le puede entregar la responsabilidad de una falta ética en su utilización a la herramienta en sí. Como usted bien sabe, un cuchillo sirve de forma fantástica para pelar papas, sin embargo, algunos le dan usos muy por fuera de la ley, y en el caso de un asesinato, quien va preso a la cárcel jamás ha sido el cuchillo.

Algo que me gustaría mucho mencionar también es cómo se relacionan las anclas cuando son empleadas como metamensajes. Por ejemplo, si usted va a una ceremonia específica y se encuentra con la bandera de su país, lo más probable es que implícitamente quieren transmitirle el sentido de patria. De forma similar, en distintas ceremonias religiosas se emplean los mismos ritos y objetos para entregar mensajes que van más allá del texto o narrativa que se le da a los asistentes.

Resulta importante plantearse la pregunta que hacen muchos practicantes de PNL acerca de la pureza del ancla y que esta no se mezcle con otras anclas; principalmente debido a la cantidad de anclas utilizadas durante todo el curso de PNL. Sin duda ocurrirá que algunas anclas no serán tan efectivas, pues tal vez están usando los mismos recursos, las mismas palabras, los mismos puntos de toque kinestésicos, cuando en realidad son para distintos contextos.

Otro tema que muchas veces salta como duda es cuán intenso debe ser el estado para que el ancla sea gatillada. Mi respuesta la conecto más bien con uno de los principios de Hipnosis Clásica, que dice que “cuanto más intensa sea la emoción más potente será el ancla”.

A muchos alumnos de PNL les encanta el “autoanclaje”, pues puede hacerse con mucha facilidad y les permite obtener resultados de forma muy rápida, lo que significa un beneficio enorme llevado a la práctica.

Sin duda no solo son necesarias “auto-anclas» para tener la experiencia como uno quisiera, pues resulta que muchas veces, como nosotros somos parte del problema, necesitamos a otra persona que nos ayude a darnos cuenta de ello, además de que hay involucradas creencias, valores, y estructuras de pensamiento, entre otras cosas.

Las anclas también son de gran ayuda para el manejo de situaciones complejas. Cuando una persona está “muy anclada” con ciertas situaciones, se le podrá ayudar a vivir mejor aquello que desea acudiendo a otras anclas.

La duración de las anclas puede ser tal como una vida y el mismo tiempo que nosotros podamos evocar algo que hayamos vivenciado. Sin embargo, al haber hecho en algún instante un cambio conductual, lo más probable es que este se mantenga, independiente de la sustentación y mantención del ancla, pues nuestra mente inconsciente ya aprendió una nueva condición. Lo que sí podría ocurrir es que por fuerza de las circunstancias y por los mismos cambios que trae la vida, antiguos hábitos o condicionamientos vuelvan a surgir con fuerza, siendo necesario revisar o retomar el trabajo realizado.

Las anclas también pueden ser eliminadas y, en general, esto se hace a través de un proceso de superposición de nuevas anclas, que incluirán emociones diferentes y una desensibilización de aquello que existía.

Por ejemplo, alguien que está profundamente enamorado o enamorada, y que el sujeto de su amor es un ancla para él o para ella, puede ser desensibilizado para atenuar la emoción existente al cambiarla con otro estado interno, como por ejemplo, la sensación de un recuerdo lejano e inocuo.

Como se puede percatar, conocer las anclas, tanto en Neurolingüística como en coaching e hipnosis, nos entrega una herramienta muy importante, práctica, con mucha flexibilidad, y de fácil aplicación. Además, se le puede enseñar a la persona que la necesita, para que ella misma pueda ejercitarla y que esta ancla sea parte de su nueva manera de experimentar aquello que desea vivir, y de la forma como le interesa vivir sus experiencias.

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