CuentoEstructura del Pensamiento

El destino de lo predestinado

By 28 octubre, 2019 No Comments

France

Su familia por el lado de mamá era de origen francés. Vivían en París, tenían una boulangerie (panadería), y debido a la Primera Guerra Mundial habían decidido vender todos sus bienes y migrar, por lo que su abuela materna había llegado a Santiago de Chile a inicios del siglo XX.

Por el lado de papá eran –como decía la familia– bien “chilenos”, o “chilenos como los porotos” (¡cómo si no existieran estas legumbres en muchos otros lugares!) y tenían tierras en el sur del país donde criaban vacas para la producción de leche.

Ella había nacido en Chile, pero con todos los antecedentes que tenía ya estaba predestinada a estudiar en la Alliance Française (AF).

Había crecido escuchando frases como “L’odeur du pain chaud parfume la boulangerie[1]” y cosas relacionadas con Francia, con sus bisabuelos o abuelos maternos, nada cercanas a sus orígenes chilenos. Es que incluso el lado paterno de su familia valoraba más todo lo proveniente del mundo francés, bien sûr.

Gran parte de la información que ella recibió desde niña venía cargada de expresiones muy francesas –que también son reglas–, como “appeler un chat un chat”[2], “savoir d’où vient le vent[3]”, “faire la pluie et le beau temps[4]”, “qui se ressemble s’assemble[5]” y cosas así.

Una regla que la marcó era “las cosas se hacen como deben hacerse”… y, por supuesto, “como tienen que hacerse”. Eso implicó que desde pequeña nada podía esta fuera de lugar, y cada cosa que decía o hacía tenía su espacio y circunstancia, pues todo corresponde a un orden lógico, cartesiano.

Sus padres, siguiendo la tradición francesa del pensamiento racional, querían para ella una carrera humanista, pues creían que nada era mejor que fortalecer la mente y el pensamiento crítico, para que se pueda desarrollar la libertad del espíritu y así tomar las mejores decisiones en la vida.

Nada de esto era un impedimento para tener en mente que los vinos, los quesos y el pan son parte del día a día y del disfrute de la vida, como buenos franceses, pensaban ellos.

Así fue como ella creció y estudió en la AF, rodeada de un ambiente “muy francés”.

Cuando estaba en cuarto medio, una profesora le dio de tarea redactar un ensayo junto a otros compañeros, que consistía en hacer un análisis crítico sobre algún director de cine reconocido internacionalmente.

Se lo comentó a sus papás y ellos rápidamente le dijeron que había ¡muchos directores de cine franceses! Como por ejemplo François Truffaut, Jacques Tati, Jean Renoir, Alain Resnais y ¡cómo olvidar a Jean-Luc Godard, quien renovó el cine contemporáneo!

Para sorpresa de ellos, les dijo que en realidad quería hacer el ensayo sobre Quentin Tarantino, pues le encantaba la mirada que tenía sobre la sociedad y cómo percibía a los Estados Unidos.

Les dijo que ya había visto “Reservoir Dogs”, “Pulp Fiction” ¡cuatro veces!, “Jackie Brown”, había adorado “Kill Bill I y II” y se había reído mucho con “Inglourious Basterds”. Les dijo también –para terror de ellos– que amaba la cultura, la forma de pensar y de ser de los estadounidenses y que ahora entendía por qué el idioma y la cultura francesa habían perdido su predominancia hacia mediados del siglo XX.

Ellos estaban prontos a rebatírselo, pero decidieron callarse para ver hasta dónde llegaría con esto.

En ese entonces ella estaba por terminar sus estudios en la AF y no tenía muy claro qué quería para su futuro, pero sus papás ya tenían planeado que hiciera una pasantía en un “estudio” de unos amigos suyos en París, que se dedicaba a realizar investigaciones para el estado sobre las necesidades de la sociedad francesa.

De repente, de esas cosas que ocurren entre navegación y navegación en la internet, y en una de sus tantas búsquedas, ella descubrió lo que realmente quería hacer: ir a estudiar Marketing Digital a Nueva York.

Cuando les contó a sus papás, se pusieron muy contentos por la idea del Marketing Digital y le comentaron que los mejores del mundo en el área ¿adivina quiénes son? ¡Por supuesto! ¡Los franceses! Le dijeron que se imaginara cómo lograban vender el agua Perrier (menos de 150 ml) a casi 5 euros en un restaurant y ¡los perfumes!… que son agua con esencias ¡a 90 euros la botella!

Ella les dijo que sabía de todo eso y les agradecía la preocupación, pero ya había contactado a un “amigo virtual” llamado Bob y tenía todo listo para irse a Nueva York a estudiar y trabajar. Al inicio estaría medio ilegal, pero sabía que como mesera podría cubrir todas sus necesidades.

Sus papás estaban horrorizados con el futuro que se venía y más cuando le preguntaron el nombre completo de Bob y ella respondió que no sabía, pues sus conexiones eran virtuales, pero que no se preocuparan, porque él era casi como su alma gemela, de acuerdo a los algoritmos del sitio donde se habían conocido.

Su papá, con parsimonia y tranquilidad, le explicó que eso era imposible, que ella no podría nunca en esta vida tener un alma gemela en los Estados Unidos de Norteamérica, pues, en su opinión, si bien es cierto que tienen mucho dinero para comprar cultura y hacer museos y todo eso, carecen de la comprensión básica de lo que significa verdaderamente cultura.

Su hija les agradeció nuevamente a sus papás por la excelente educación que le habían dado, y añadió que en realidad es Estados Unidos quien la lleva en el mundo, que por eso está ahí, “a la dura” en la pelea con China.

Como la discusión ya tomaba un aire de “esto está perdido”, el papá le dijo que era una pena que no fuera a Francia donde sus amigos, pues ya lo tenían todo costeado.

Ella respondió que no se preocuparan, que Bob vivía solo y que en su departamento había una cama que compartirían, pues vivirían juntos.

La mamá le preguntó si eso significaba que se turnarían la cama, a lo que ella le respondió:

– Claro, mamá. No te preocupes. Él dijo que me cuidaría todas las noches.

[1] El olor a pan caliente perfuma la panadería. [2] Expresión equivalente a “llamar a las cosas por su nombre” o “llamar al pan, pan y al vino, vino”. [3] Expresión equivalente a “seguir la corriente”. [4] Expresión equivalente a “jugar a ser Dios”. [5] Expresión equivalente a “los que se asemejan se emparejan” o “Dios los cría y ellos se juntan” o “tal para cual”.

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