Había que tomar una decisión.
Probablemente todo lo que ella pudiera pensar al abrir su regalo estuviera supeditado a esa importante decisión.
La primera pregunta no fue difícil de responder:
– Es para hombre o para una dama.
Me pregunté en qué momento los géneros habían cambiado.
De todas formas, no era el momento de tener un discusión sobre clasificaciones de género y las consecuencias implícitas de esa pregunta sesgada.
Venía la segunda pregunta:
– Usted prefiere esta cinta dorada o la roja.
Se me escapó y le dije:
– La que usted desee…
– No señor, me replica la persona… Es usted quien debe decidir eso, pues es SU regalo… Y lo más importante, su regalo para la Dama es la cinta!
Nunca lo había visto así…
– Bien señor, usted además ha tenido una lección gratis de mi parte.
– Gracias! Entonces la dorada, le dije.
– No señor, Usted debiera haber decidido por el rojo. Claro está que a usted le faltan muchas lecciones…
