Los maestros reunieron a sus discípulos y les anunciaron que se iba a celebrar una ceremonia extraordinaria en la que se les brindaría la oportunidad de iluminarse inmediatamente.
Cada discípulo se dirigía a su propia sala que debía atravesar, para salir por otra puerta, ya iluminado.
Puede que parezca una prueba con pocas complicaciones, pero en la sala había mil demonios encargados de materializar los temores más profundos de esos jóvenes.
Tan pronto entraban en la sala, la puerta se cerraba y el único modo de salir era por la puerta situada al otro extremo.
Muchos llegaban a alcanzar esa otra puerta y algunos no: se quedaban atrapados, paralizados por el miedo y vivían torturados hasta el fin de sus días.
A los que lograban salir se les iluminaba, ya que la esencia de la iluminación consistía en enfrentarse a los temores más profundos de uno mismo y seguir adelante.
Cuando alguien está sumido en una crisis, se encuentra precisamente en esa sala de los mil demonios y la opción no puede ser más simple: paralizarse ante el temor o seguir moviéndose hasta encontrar la salida….
