CuentoEstructura del Pensamiento

Las paltas maduran

By 24 septiembre, 2019 No Comments

Cao

Él estaba recién entrando a la casa cuándo ella le gritó desde la venta de la cocina al estacionamiento:

– No te bajes! Necesito que vayas a comprar paltas! Anda al Supermercado!

El tono imperativo siempre lo había empelotado. Era una invitación para hacer lo contrario.

Por lo tanto, se bajó del auto, claro, sin que pareciera que él la estaba enfrentando, pero para decirle que le pareció mejor preguntar si es que no quería que comprar más cosas o, por si tuviera una especie de lista de cosas por comprar. Pero íntimamente, se sentía un vencedor, pues se había bajado del auto.

Cuándo están frente a frente lo saluda con un beso y le pregunta por qué no había hecho lo que ella le había pedido.

Con algo de tartamudeo, le explica que en realidad, piensa que las paltas son mejores en la feria y además, son más baratas, por ende, no le veía razón de ir al supermercado sólo para comprar paltas.

Entonces ella le dice:

– O sea, me crees huevona… si te pedí que fueras a comprar paltas a esta hora de la noche es obvio que no puedo esperar hasta el maldito día de la feria… y es por que necesito las paltas.

Él le dice que ningún problema, que irá al supermercado, pero que él prefiere ir caminando y volverá rápido.

– Con las paltas, espero, le dice ella, como amurrada.

A pesar de la situación, todavía tiene una aire de victoria, pues se bajó del auto y además iba a pié al supermercado.

Pensó él, son pequeñas victorias que ganan una gran batalla.

Abre la puerta de entrada y vira hacia la izquierda para dirigirse al supermercado.

Es un día Jueves en Santiago y el supermercado al que va a pie es de esos que tienen un formato menor, con menos productos y él un poco asustado, tenia que confesarlo, pues, no vaya a ser que no tengan paltas estos desgraciados, pensó. Además estaba repleto de gente que entraba y salía, probablemente para comprarse cosas para la hora de la comida u onces-comida.

Por suerte, habían unas paltas y, que bueno, no estaban en su mejor punto, pero al mismo tiempo, eso sería un excelente argumento para remarcar las bondades de la feria.

Las pagó de forma rápida y nunca se había percatado que al lado del supermercado, bueno, no tan al lado lado, pero al lado, había un Starbucks y sólo por tomarse más tiempo y parecer como un niño que no quería ser mandoneado, decidió tomarse un cortado.

Le pide el cortado al cajero, que en el Starbucks tiene la ventaja de venir con tuteo, pero como no había casi nadie no le preguntó su nombre y el chico que se lo preparó, después le preguntó al cajero de quien era y este, con mirada de lata, le dijo es de él, apuntándole.

Se sentó en una barra a mirar desde afuera a las personas que iban y venían en todas las direcciones de forma incesante. Le encantaba observarlas y divagar imaginando los mil y un cuentos de qué podrían estar viviendo, haciendo o conversando con aquellos que marchaban a sus lados.

Otros, sólo mirando hacia los vehículos queriendo tomar el transporte que correspondia para llegar lo más rapido posible a donde quiera que fueran.

Cada persona que caminaba tenía un sueño, una ilusión alegrías y tristezas pensaba y recordó que en su casa desde pequeño le decían que era un soñador.

– Pajarón!

Eso decía su papá cambiando la ilusión de las palabras de su madre.

Probablemente, mi padre, quien ya había fallecido, tenía razón pensó. Pues cada niña que había querido estar con él, ella (la niña) había tenido que decírselo!

Con los compañeros, de repente se le olvidaba que estaban viendo un partido de futbol y se ponía a conversar de otras cosas que no eran de interés para nadie en ese momento y todos lo mandaban callar.

El tiempo era siempre un cuento complicado para él. Mejor dicho, el manejo de las horas pues lo único que resultaba súper fácil era leer y bueno, divagar.

Se recordó que estaba casado y que tenía el tema de las paltas y cayó en la cuenta que no había preguntado si las paltas eran para ahora o para otro momento. Mejor al no preguntar – me sale más fácil y no hay problemas.

Sintió que era observado pero no vio por quien hasta que miró hacia bajo y vio desde el otro lado del vidrio del café que quien lo observaba era un pequeño perrito que tenía ojos de “llévame a tu casa”.

Terminó el café, lo botó en el basurero y mirando de reojo vio que el perrito viró su cuello y después su cuerpo, como diciendo:

– Sé que tu también no me quieres…

Fue ahí cuando él se recordó que de chico siempre había querido tener un perrito y que sus papás nunca habían querido pues los perros hacen caca, muerden los muebles, mean las patas de las mesas creyendo que son árboles y una sería de argumentos que a su temprana edad no supo como manejarlos.

Algo le pasó, pero se dio vuelta, en una mano tenia su bolsita (de papel) con las paltas y con la otra mano, hizo un chasquido para que el perrito lo siguiera.

El perrito se levantó rápido y con el permiso que ahora tenia de seguirlo, sabia que alguien lo quería.

Él sintiéndose acompañado con la fuerza de su deseo de infancia cumplido, finalmente, tuvo la certeza de que había crecido.

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