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Los efectos del vapor

By 30 septiembre, 2019 No Comments

Cook

Cuando ella era pequeña su abuela cocinaba los Domingos para toda la familia.

La tradición era esta:

– Cada Domingo del año, salvo durante el mes de Febrero, la familia completa se reunía para almorzar, verse, conversar sobre qué había pasado durante la semana, y pasar la tarde entera con la Nona.

El Nono había fallecido hace veinte años y ella no lo alcanzó a conocer.

Esta tradición existía hacía más de 200 años en su familia, y las mujeres siempre habían sido las que llevaban el mando; por eso les cargaba que las llamaran “matriarcas” pues, “les puede resultar bastante ofensivo a los hombres”, decían ellas.

Parte de la tradición consistía en que la abuela elegía a una de las hijas o nietas como ayudante con el pretexto de enseñarle las recetas familiares y los secretos acerca de la preparación de las pastas, los misterios de la selección de la harina, los cuidados con el agua, e infinitos pequeños trucos y detalles que hacían de todas esas preparaciones algo absolutamente delicioso.

La abuela además tenía muy claro qué significaba realmente tener esta “ayudante”.

Sabía que esas clases serían instantes para preparar a su reemplazo en el seno familiar. Usaba las metáforas de la cocina para enseñarle a la futura “matriarca” los secretos para seguir adelante y mantener unido al clan, o cómo debía ser el manejo de la familia nuclear y la familia extendida, diciendo cosas propias de esos momentos y frases sutiles que no decían mucho, como “no te preocupes de las tonteras que digo”, ya aprenderás que eso será así y verás que es solo “cosa nostra”.

Durante la mesa, muchas veces se daban conversaciones acaloradas y llenas de pasiones, y en innumerables ocasiones la Nona intercedía con esa mezcla de amor, sabiduría y tiranía que conlleva el peso de la tradición, sellando cualquier discusión con su palabra final, diciendo “y no se habla más del asunto”.

La familia había crecido de una manera increíble, pues no solo eran considerados familiares los hijos e hijas, sino también sus parejas, hijos, nietos, algunos primos y sobrinos, amigos de los nietos, el cura de la parroquia, y amigos de los amigos.

Por lo general a los almuerzos asistía un promedio de treinta a cuarenta personas que no solo se sentaban en la mesa principal –que albergaba a dieciséis personas– sino también en mesas cercanas a los sofás y en todo rincón que pudiera utilizarse. Asombrosamente, todos estaban conectados con la mesa principal y se sentía como si estuvieran juntos.

La Nona ya estaba mostrando signos de cansancio por problemas del corazón debido a su sobrepeso y, por eso, ya era momento de designar a su sucesora.

Ella, como nieta regalona y cercana, había sido elegida por su abuela para relevarla en su función, lo que resultó un shock muy decepcionante para su mamá y hermanas, aunque, como parte de una familia tradicional, tuvieron que acatar lo que les tocó, pues después del comunicado vino un tajante “y no se habla más del asunto”.

La Nona la llamó para decirle que quería que ese Domingo la comida fuera cocinada totalmente por ella y que durante todo el almuerzo se quedaría muy callada para cederle el protagonismo. Ya era hora de que ella empezara a hacer aquello para lo que había venido preparándose desde pequeña.

Cuando ella le contó a su pareja que la semana siguiente sería su primer Domingo cocinando para toda la familia, él se puso muy feliz, pues conocía la tradición familiar. Le dijo que presentía que ocurriría pronto, pues veía cómo la Nona estaba cansada, y añadió que le tenía una gran noticia.

Él le contó que hace un año, durante su hora de almuerzo en los días de trabajo, asistía a un curso de cocina, donde se había especializado en antipastos, pastas y todo lo relacionado con la gastronomía italiana. Su especialidad eran los cannoli siciliani.

Agregó que estaba muy ansioso por compartir esto con ella, aunque no sabía cuándo decírselo, ya que quería sorprenderla con este gran gesto de amor, pues era un regalo con el cual él demostraba su compromiso. Comentó también ¡la locura que le significaba sentir los sutiles aromas de los vapores de un minestrone durante su cocción!

Además le dijo que le encantaría estar con ella ese primer Domingo, ya que sería perfecto que los dos pudieran hacer esto juntos, y que no se preocupara, pues él también la ayudaría en lo referente a las relaciones familiares, ya que a todos los consideraba su familia.

Entonces ella lo mira con un aire incrédulo y le pregunta:

– ¿Es que no entiendes nada o quieres matar a la Nona?

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