Hay ciertas cosas que nos dan un alto grado de satisfacción y, por el contrario, hay otras que nos disgusta enormemente hacerlas (y hasta solo el pensar que las vamos a hacer).
Si existiera un “hacermetro” tal vez pudiéramos medir y rankear aquello que más le gusta hacer (o no hacer) a una persona, sin que ella nos lo dijera. ¿Verdad?
Facilitaría mucho la vida; pero no existe ……….todavía.
Cuando “queremos hacer” algo que nos gusta, toda nuestra mente y nuestras emociones se predisponen de forma positiva en esa dirección. Por contraposiciòn, cuando algo no nos gusta, ocurre todo lo contrario.
Entonces, sin duda, es hora de entrar en el terreno del “deber”.
En general cuando quiero hacer algo, esto lo asocio con una decisión mía y, lo más probable es que me dé placer.
Me viene a la mente una idea de Vygotsky que dice que “nos damos cuenta de lo que hacemos en proporción a la dificultad que experimentamos al adaptarnos a una situación”.
Por si acaso, dejo acá de lado el análisis que tenga que ver con automatismos inconscientes.
Pero cuando “debo” hacer algo, eso me suena a imposición y no necesariamente me entregará placer. Lo ideal es que el “querer” y “deber” caminen juntos.
Bueno, ya lo dije. Es lo ideal.
Por detrás de un “debo” (que me puede dar lata) existió probablemente un “quiero” (que me motiva) en algún momento; pero que ya se me había olvidado que ese “deber” era consecuencia de una elección que yo había tomado.
Por ejemplo: supongamos que yo “quiero” ser un gran guitarrista clásico. Para llegar a lograrlo “debo” estudiar ocho horas diarias, siete días a la semana (a veces ocho …) cosa que ya no me es tan atractiva, pues me da “lata” …
Una buena forma de “empezar a hacer cambios” es recordar que los “debemos” en realidad están conectados con los “queremos” y recordarnos que cuando “queremos”, las cosas en general nos resultan más fáciles.
