CuentoEstructura del Pensamiento

Lo que hay y lo que no hay

By 30 abril, 2019 julio 16th, 2019 No Comments

Desde que nació había sido un bebé lindo.

Al crecer siguió siendo un niño muy hermoso y de adolescente tampoco perdió su belleza.

Esto no le había significado ningún trastorno, muy por el contrario, siempre le había facilitado las cosas.

Por ejemplo, cuando tenía que comerse toda la comida y, con algo de maña se ponía a gritar, inmediatamente todos decían: “no hay que insistir, ¿no ve que está molesto y se pone feo?”. Y él conseguía lo que quería.

En el colegio, ya de pequeñito se fijó que tanto las niñas como los niños preferían jugar con él antes que con otros, pues era el más bonito de la clase.

Disfrutaba el decidir con quién estar y con quién no, e incluso el hacer que otros pelearan por su compañía, siempre que pudiera traerle beneficios. Las niñas y niños morían por compartir algún rato con él, y él se dejaba querer, sin querer.

Un día escuchó un rumor acerca de que lo que él tenía era un regalo de los cielos y que seguro le iría muy bien en la vida, sin tener que hacer nada, pues con esa carita, para qué más…

En la adolescencia empezó a practicar cómo conseguir cosas a través de los demás, solo mostrándoles que eran amigos o que podrían llegar a serlo, pues él los quería mucho, claro, actuando de manera que nadie se percatara de la mentira, pues le importaba bien poco lo que pensaran o sintieran los otros, movido solo por obtener lo que buscaba para sí.

Fue en el colegio, antes de entrar a la Universidad, que la conoció. Ella era una alumna nueva.

Él de inmediato quedó impresionado, pues jamás había visto a un ser tan bello como ella, sin que realmente lo fuera.

Eso le resultaba muy extraño. Pues no era bella, y a la vez sí lo era.

¿Usted me entiende, cierto?

En el colegio todos estaban muy sorprendidos por su rara hermosura. Y les llamaba la atención que después de tantos años de reinado, finalmente él estuviera siendo destronado.

Lo curioso es que la belleza que ella tenía era muy diferente a la de él, y nadie lograba definirla bien.

Un día, ocurrió algo inesperado, y todos en el colegio recibieron una gran lección.

Frente a la puerta de entrada del colegio, un automóvil que no respetó la señal de detención atropelló a un perro, y luego se dio a la fuga.

Sus compañeros de clase (de él y de ella), justo estaban en el lugar, teniendo las últimas conversaciones antes de despedirse.

Los que estaban frente a la puerta miraron con horror el dolor del pobre perro atropellado, que sangraba ríos y, a pesar de que no mostraba el sufrimiento en su cara, podían imaginárselo y empatizar con el animal.

Todo ocurrió muy rápido, y entre el impacto y el miedo de lo que presenciaban, la gran mayoría de los ahí presentes quedaron paralizados ante la escena, incluyéndolo a él.

Ella no dudó ni por un segundo, y al ver lo sucedido, corrió veloz a tomar en sus brazos al perro que temblaba, ensuciándose las manos, la ropa, y el cuerpo con sangre, sin importarle nada más que cumplir con su único propósito: llevarlo a un veterinario para que lo curaran.

En cuanto eso pasaba, él empezó a burlarse de ella, de lo sucia que estaba, pues lo vio como una oportunidad para recuperar su reinado. Pero la respuesta no fue la que esperaba, y lo único que se escuchó fue un largo silencio de desprecio hacia él y de respeto hacia ella.

Fue entonces que aprendieron por qué nunca habían podido identificar la belleza de ella y por qué les resultaba tan misteriosa y esquiva.

Simplemente, su belleza no se veía.

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