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By 1 julio, 2019 julio 16th, 2019 One Comment

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Él era una persona a quien le gustaba mucho ser auténtica.

Tenía que decir siempre la verdad, ya que no podía permitirse mentir u omitir el decir algo que no fuera cierto, pues detrás de eso existía un propósito.

“Es intolerable”, se decía a sí mismo, y también lo repetía a otras personas.

Eso lo había escuchado desde siempre en su casa, pues sus padres trabajaban con la “verdad”, como decían ellos, ya que ambos era jueces.

Sus padres insistían en que se fuera de la casa tan pronto tuviera ingresos económicos, ya que había terminado los estudios, pero no lograba conseguir un trabajo.

En realidad, él estaba muy cómodo viviendo con ellos y, claro, pensaban sus padres, en nuestra casa tiene cama y comida gratis, y además le pasamos dinero. Igual él era buen chico.

En las noches, después de la hora de la cena, y ahora que tenía más tiempo, empezó a juntarse con otros chicos y chicas que vivían en el mismo conjunto de edificios.

No los había visto antes, pero se hicieron muy “yuntas” rápidamente.

Una noche, sus amigos llevaron unos cigarros para pitear –sí, de aquellos– y él, que nunca había fumado nada de eso, probó y le gustó.

De repente, uno de sus nuevos amigos le dijo que si necesitaba algo de “lucas”, podía ofrecerle un trabajito fácil, solo bastaba con llevar unos paquetitos y entregarlos en unas direcciones que él le daría al momento de despachar. Le preguntó si le “tincaba” hacerlo, a lo que él respondió que por supuesto que sí.

Entonces empezó el trabajo –que después vino a saber cómo se llamaba– de mula, donde le pagaban muy bien.

Sus padres notaron que él ya no les pedía dinero, aunque no tenían muy claro en qué trabajaba.

Entonces, un día le preguntaron cuál era su trabajo y él, sin darse cuenta, les respondió que estaba repartiendo comida.

Cada día tenía más dinero y les dijo a sus padres que ya contaba con un ingreso relativamente estable y que pensaba mudarse a vivir con una joven que había conocido hacía poco tiempo.

Los padres se pusieron muy contentos con la noticia, lo felicitaron por su independencia y le dijeron que eso seguro le iba a cambiar la vida.

Antes de trasladarse a su lugar propio, en una de sus ahora tantas entregas, tuvo la mala suerte de meterse en el territorio de otra banda, y varios de sus miembros se juntaron alrededor suyo y le pegaron hasta hacerlo prometer que nunca más iría por esos lados.

Cuando llegó a la casa, sus padres, muy preocupados al verlo llegar sucio y con heridas, le preguntaron qué había ocurrido. Él respondió que un grupo de chicos había intentado robar su pedido y que por responsabilidad con su trabajo, se defendió de ellos sin mayor éxito y lo dejaron a muy mal traer.

Los padres miraron bien a su hijo y supieron que ese que estaba ahí ya no era su hijo, pues lo que decía no les sonaba a la “verdad” y volvieron a preguntarle qué había pasado realmente.

Les dijo que donde se encontraba ahora tenía otra verdad y que a ellos no les gustaría conocerla, pero que sabía cómo transitar entre ellas.

También les dijo que si querían entender cuándo pasó… pasó cuando era pequeño.

Les dijo a sus padres que en tanto abogados que habían defendido la verdad como el máximo valor en la vida, habían olvidado decirle que esta muchas veces era una mentira y que muchas mentiras son parte de la verdad.

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