CuentoEstructura del Pensamiento

Los gustos de cada uno

By 16 julio, 2019 2 Comments

El gusto

A él le gustaba mucho ir al cine, pues desde pequeño su papá le había inculcado el amor por este arte. Iban juntos a ver películas de todos los géneros, y sus favoritas eran las de Walt Disney. Le fascinaban los clásicos como Fantasía, Dumbo (la original) y para qué decir Bambi.

A ella también le gustaba mucho ir al cine. Desde chica siempre había preferido las películas de terror, de esas que en algunas escenas la obligaban a mirar para otro lado y contener la respiración. Sus papás sabían que ella era “especial” y consideraban ese gusto como otra de sus rarezas.

Era viernes y él la llamó por teléfono al trabajo para saber si quería ir al cine. La respuesta fue inmediata –él ya lo anticipaba– y ella confirmó con un entusiasta “sí”.

Acto seguido, ella le preguntó muy casualmente –pero con algo de recelo– qué quería ver. Él le dio el nombre de cuatro películas que pasaban en el cine y otras tres que estaban en Netflix, y le comentó que todas eran muy lindas.

Cuando ella escuchó cada uno de los títulos de las películas tuvo la sensación de un coma diabético y proyectó de forma inconsciente cómo sería eso del unicornio, pero degollado, o de las familias que se reencuentran, pero perseguidas por una mezcla de Freddy y Alien.

Le dijo que esperara un poco, que ella lo llamaría de vuelta, pues también quería averiguar por otras películas y ahí decidirían. “Hay tanto que ver”, le dijo para que no se ofendiera.

Ella revisó la cartelera y encontró varias de terror, algunas más en internet, otras en el cable, y para qué decir en Netflix. Entonces ella lo llamó y le leyó sus alternativas de películas.

Al otro lado solo se escuchó un largo silencio que le hizo pensar que la comunicación se había cortado. Ella repitió varias veces “¿Aló? ¿Aló? ¿Aló?” Y nada. Hasta que de repente se escuchó su voz emocionada.

Resultó muy raro el momento cuando se dio cuenta de todo, pues con esta conversación acerca de las películas algo le había pasado y, desconcertado, no lograba coordinar muy bien sus ideas ni sus palabras.

Era triste, pero él lo había sabido desde siempre. Ella no era para él. Eran pequeñas grandes cosas que, al final, hacían que todo sucediera a contrapelo.

Por ejemplo, a él le gustaba el fútbol y a ella los documentales y las noticias relacionadas con cultura. Él era feliz almorzando una hamburguesa triple con mucho tocino, y ella siempre estaba preocupada de comer sano, de tener una alimentación equilibrada.

En la fiesta donde se conocieron se había percatado de que sus gustos y preferencias eran algo “raros”. Sin embargo, no se dio cuenta de que lo que a ella le gustaba, a él no le gustaba.

Rápidamente se imaginó viviendo con ella, incluso casados por un buen tiempo, ella viendo sus películas sola, y él divirtiéndose junto a sus amigos, jugando fútbol.

Después se imaginó llegando a la casa y ella diciéndole que debía hacer esto y aquello y ordena aquí y limpia allá y que el mundo ha cambiado y que tú eres un estúpido hombre machista y desconsiderado, ¡quién te crees que eres! Ahí él se ponía a llorar y a decirle que cambiaría y no se repetiría más eso de salir a comer hamburguesas solo, y que, por favor, por favor, lo perdonara.

En ese momento ya tenían dos hijos y un perro, y ella le decía que era un pésimo ejemplo, y él, desubicadamente –pues quiso ser irónico–, le respondió: “¿Para el perro?”. Lo que aumentó su furia.

Ella tuvo que decir tres “aló” más para saber si había alguien al otro lado de la línea, hasta que se escuchó:

– Prefiero «no» ir al cine esta semana.

2 Comments

  • Avatar Ricardo Rojas dice:

    Interesante artículo, que nos muestra cómo determinadas experiencias de relaciones interpersonales en nuestra vida cotidiana, nos pueden invitar a realizar una reflexión y ser conscientes de la realidad que estamos experimentando.
    Desde ahí, crear acciones que nos permitan hacer ajustes a nuestra realidad o cambiarla, de tal manera que nos situemos en una que nos haga sentir más resonante con una frecuencia y vibración en la cual experimentemos el gozo y la felicidad.
    Cada uno de nosotros, los seres humanos, tenemos el poder para crear y experimentar la realidad que queramos.
    Saludos cordiales

  • Paul Anwandter Paul Anwandter dice:

    Gracias Ricardo! Saludos

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