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Vivimos en una estructura social, y por ello estamos condicionados a ciertas reglas, valores y conductas establecidas, que en muchas ocasiones ni siquiera sabemos muy bien por qué seguimos.

El concepto “memético” de Richard Dawkins nos lo explica, aunque no nos libera del mandato de cumplir las reglas, seguir los valores y buscar la congruencia de la expectativa social, al establecer conductas acordes con aquella predictibilidad que nos plantea la sociedad donde estamos insertos.

Como consecuencia de lo anterior, enjuiciamos aquello que consideramos fuera de las expectativas y normas, dándole significado a la ausencia o presencia de lo que observamos, siempre de acuerdo al contexto donde nos desarrollamos, pues de cambiar este, las expectativas y significados también cambian.

De hecho, en nuestro contexto latinoamericano, estamos muy acostumbra- dos a creer que ciertas reglas pueden ser flexibilizadas por el otro, solo con el acto de explicar las dificultades que hemos tenido.

Por ejemplo, los problemas de tránsito podrían usarse como excusa ante la falta de puntualidad, ya que en sí mismos solo serían una justificación que amerita comprensión para quien llega atrasado.

Además esta persona probablemente considera que su interlocutor debe comprenderla e incluso empatizar con ella, pues si a este le sucediera lo mismo, sin duda también lo entendería, desde lo que podríamos llamar “el principio de la reciprocidad”.

En otras culturas, la impuntualidad, a menos que se deba a “causas de fuerza mayor” (terremotos, incendios, inundaciones, etc.), no es una justificación válida.

Muy por lo contrario. Incluso revela que la persona no se preocupó de anticipar eventuales problemas relacionados con el tiempo de desplazamiento u otros inconvenientes, y se considera una falta de respeto hacia quien la
esperaba.

Además, hoy en día, los retrasos a causa del tráfico se pueden prever, pues existen herramientas tecnológicas para verificar posibles demoras, presentando rutas alternativas. La persona también podría usar mensajería instantánea para avisar sobre su problema, con el objeto de que se fije una nueva fe- cha de encuentro, y así evitar la pérdida de tiempo de quien lo espera.

También es muy propio de nuestra cultura latina un aspecto específico del humor, pues en variadas ocasiones nos reímos de ciertas conductas de otras personas. En culturas del Este, tal conducta no se considera una expresión de cariño o cercanía, sino por el contrario, se la percibe como una burla mal intencionada, emitida para menoscabar o humillar a la persona frente a un cierto colectivo al cual ambos pertenecen.

También podría aventurarme a decir que si una determinada persona no actúa de acuerdo a nuestras expectativas, quizás cambiaremos nuestras conductas como una respuesta activa a la retroalimentación que obtuvimos.

Por ejemplo, al encontrarnos con un colega del trabajo en el pasillo cada mañana esperamos que nos mire a los ojos e intercambiar un breve saludo del tipo “hola, ¿cómo estás?” o simplemente “hola”, y así demostrar mutuamente que estamos en conocimiento de la mutua presencia.

Sin embargo, si nos cruzamos con alguien que simplemente sigue su camino sin percatarse de este gesto de “cortesía”, lo podríamos juzgar como mal educado, desconsiderado o descortés, por decir lo menos.

Ahora, esta persona que ha pasado junto a nosotros podría ser alguien muy distraído, o que rehuye las convenciones sociales, o que no tiene ningún aprecio por nuestra persona, o incluso siente antipatía por nosotros y esa es su forma de expresarlo, o muchas otras posibilidades.

Entonces, hablando dentro del marco de las generalidades, existe una alta probabilidad de que cambiemos nuestra conducta en función de la expectativa que nos habíamos hecho, y así en los próximos encuentros de pasillo, replicaremos el gesto de no saludar que aprendimos de nuestro colega, igualando su actuar.

Para el modelo de la PNL, la flexibilidad resulta esencial, pues gracias a ella el practitioner, y sobre todo el master practitioner, deben tener la habilidad de deconstruir el mundo del otro, con la finalidad de poder acceder mejor a su forma de elaboración de la realidad.

Si el practitioner de PNL carece de esa flexibilidad, sus competencias para ser un impulsor de cambios y un comunicador de excelencia se pondrán en riesgo, pues en gran medida este debe escuchar y hacer devoluciones o preguntas que tengan una correlación directa con el modelo de mundo que le presenta su interlocutor.

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