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Tengo la competencia ¿Tengo la capacidad? – Parte 6

By 21 diciembre, 2020 No Comments

El individuo y sus edades

Es interesante hacer notar cómo el desarrollo de la capacidad empieza a darse de forma acelerada con los niños, en la medida que estos producen conexiones entre elementos que no están disponibles y que hacen presentes de forma mágica, permitiendo que su mundo gane nuevos significados a una gran velocidad.

En sus inicios de edad preescolar estos dependen mucho de los estímulos entregados por sus padres o apoderados para desarrollar esa capacidad. Al mismo tiempo, al verse inmersos en un sistema escolar, el desarrollo de su capacidad empieza a ser dirigido y condicionado por quienes han estudiado la mejor forma “promedio” de desarrollar las competencias y capacidades en otros.

Es ahí que nos encontramos con esta polaridad, donde al mismo tiempo tenemos una estandarización de la educación en aras de entregar aprendizajes con una performance y niveles estipulados por anticipado, y el desarrollo de capacidad, que no aparece como un elemento de importancia.

Así mismo tenemos a aquellos que escapan a la norma (entiéndase acá la distribución normal estadística) “escolar” de la cual debieran ser parte, a pesar de tener enormes potenciales. Como algunos niños tienen necesidades “diferentes” en su aprendizaje en relación al estándar promedio de sus compañeros, podrían verse menoscabados en su desarrollo, principalmente por etiquetas que se constituyen en base al modelo imperante. Bajo esa mirada, los padres/apoderados deben estar alertas al desarrollo de los niños para verificar si la forma como se les enseña es la más adecuada para ellos/ellas, o en su defecto, buscar metodologías que les sean más afines.

Al entrar en la preadolescencia y adolescencia, el desarrollo de la capacidad se vuelca en gran medida hacia la relación socio-emocional, junto con la cognitiva. También hay que tener en consideración que la masa encefálica del adolescente crece al punto de llegar a su capacidad máxima de un adulto, sin embargo, sus conexiones neurológicas hacia el cortex pro-frontal se desarrollan hasta su adultez.

Debido a esta condición, podríamos vivir situaciones donde un adolescente en un momento dado está hablando como si fuera un adulto, y luego lo podemos observar entretenido en juegos propios de niños/niñas. De igual forma, en otro momento podríamos tener un adolescente argumentando como si fuera una persona con un mayor desarrollo de conciencia, para luego presentar una argumentación o una reacción emocional fuera de este contexto, tal como una rabieta, propia de un niño/niña. En la medida que el adolescente va llegando a su adultez, habrán terminado de establecerse todas las conexiones neurológicas hacia su córtex prefrontal, y tendrá ya asimiladas las reglas sociales necesarias para su desarrollo con otras personas en distintos contextos.

El desarrollo de conciencia del adulto, a diferencia de lo señalado por Jean Piaget acerca de que este terminaba aproximadamente a los 25 años, se da en realidad como algo continuo a través de la vida, y hasta el final de nuestros días. Este desarrollo de la capacidad debiera estar dirigido por la motivación, por la cantidad de experiencias y reflexiones que puedan hacerse en función de lo que se vive e interpreta, y de qué forma se establecen vínculos asociados a su yo y también desprendidos de su propio-yo (self).

Las organizaciones

En las organizaciones, el desarrollo y aprendizaje se da a través del desarrollo de conciencia de aquellas personas que conforman la organización y que están vinculadas con el contexto, con sus metas, objetivos y valores, con la sociedad donde se encuentran y con el mercado al que sirven. Este desarrollo también es continuo en el tiempo, haciendo que los valores y creencias, así como la misión y visión, sean variables de gran interés para el objetivo final de la misma organización.

Es muy común encontrarse con situaciones en que una organización parte con un tipo de actividad comercial o social, y requiere personas con ciertas características y competencias, pero tras un periodo estas mismas personas ya no tienen cabida en la organización, pues esta se desarrolló hacia otras áreas, cuyas necesidades actuales distan mucho de las necesidades iniciales. En la medida que aquellos que conformaban la organización no tengan un desarrollo acorde con la misma, es muy probable que ya no serán funcionales para esta “nueva organización” que se viene a conformar.

Como consecuencia, este individuo que ahora se encuentra fuera de su ambiente, no logra comprender lo que está viviendo, pues no entiende cómo después de tantos años, con un desempeño adecuado, y evaluado como un colaborador ejemplar, deja de tener cabida, mientras continúan otros que llevan menos tiempo en la organización, —los que, por cierto, son más adaptables y han seguido desarrollándose permanentemente y acorde al contexto—.

Los adultos mayores

Es sabido por muchos, aunque de forma equivocada, que los adultos mayores tienen poco desarrollo de su capacidad. Esto tiene relación con la visión cultural y social que impera en Occidente, donde no se valora la esencia del desarrollo de la capacidad, tan apreciada en Oriente, que se llama “sabiduría”.

En toda la historia de la humanidad, aquellos que tenían más edad y que, por supuesto no eran físicamente aptos para ir a la guerra, formaban parte de consejos para orientar a los grupos más jóvenes. Aún hoy en día, la edad adulta es respetada en Oriente, y consultada para obtener consejos sobre decisiones importantes que requieren consideraciones sistémicas e incluyen la variable tiempo.

En Occidente, en cambio, nos encontramos con la subvaloración de ese saber, donde prima el conocimiento duro, de tecnologías o modelos más eficientes para el contexto presente, que derive en resultados inmediatos.

Sin embargo, el desarrollo de la capacidad del adulto mayor, al igual que en todas las edades, está siempre presente y crece como parte de su proceso de pensamiento y reflexión, así como de la motivación y voluntad de crecimiento en su desarrollo como individuo.

La sociedad

Vale la pena preguntarse acera de cuál es la percepción sobre la capacidad y competencia que puede mostrar un cierto individuo en función de la ayuda, apoyo, o el valor que este mismo entrega a la sociedad. Considerándose lo anterior, tenemos que la sociedad valora la aplicación directa de algún conocimiento o de una conducta.

Por ejemplo, a científicos se les entrega el premio Nobel porque han descubierto algo importante para el desarrollo de la humanidad. A un pianista clásico se le premia debido a su virtuosismo, ya que con maestría logra transmitir tanto la destreza al tocar el instrumento, como la emoción que el compositor (o la música) quiere compartir con aquellos que lo escuchan, evocando estados en otras personas. De igual forma se puede percibir en el deporte. Por ejemplo, en el fútbol se valora a quienes logran hacer goles, o impedir que se hagan goles, o dar pases para hacer goles. En fin, todo relacionado con el “hacer”.

En el mundo empresarial es semejante y se valora, por ejemplo, a aquel que logra ventas, o genera ideas innovadoras que se traducen en productos o servicios, que posteriormente pueden ser medidos a través del beneficio de ingresos entregados por los clientes cuando estos compran.

En todos los ejemplos anteriores, lo que subyace a la competencia y a la capacidad, y pareciera ser semejante a la parte inferior de un iceberg, pues no se ve, es que todos aquellos que logran éxito, no solo tienen las competencias desarrolladas para cumplir con los resultados excepcionales, sino que también tienen una gran capacidad de reflexión sobre aquellas actividades que realizan o practican.

Esa capacidad de reflexión es propia de una articulación de pensamiento más sofisticada, llevada hacia un quehacer específico. Por lo tanto, podemos ver que en términos sociales, el desarrollo de la capacidad de pensamiento no tiene una gran valoración en sí misma, a menos que sea directamente aplicada a un quehacer específico.

La tecnología

Como consecuencia de lo que estamos viviendo durante estos días y meses de pandemia, donde hemos tenido que incorporar, por fuerza de necesidad y aceleradamente, procesos de trabajos y de comunicación digitales, todavía no vislumbramos de qué manera todo eso también acelerará nuestro proceso de incrementar capacidades. Por ahora, lo que vemos es lo que se ve…, es decir, logramos hacer casi lo mismo que antes, o mucho más, pero de una forma que se veía venir.

De manera semejante y algo encubierta, usted puede ver que cada vez más elementos asociados a “machine learning” y a “deep learning” se encuentran presentes en nuestras vidas. Ya sea una aspiradora robot, un auto que puede ser manejado de manera autónoma, una casa que puede ser gestionada totalmente por vía de aplicaciones, etc.

Es cierto que las ventajas que trae la llegada de la inteligencia artificial tienen dos lados de la moneda. Por un lado nos encontramos liberados de hacer trabajos rutinarios y, por el otro lado, aquellos que viven y han ganado su vida realizando estos trabajos rutinarios, deberán pasar por un proceso de reeducación y reconversión, donde el incremento de sus capacidades los llevará a tener nuevas competencias, diferenciadas de las que poseían.

Soy de los optimistas en cuanto al futuro uso de la tecnología. Creo que tal como ha sido generada por los seres humanos, seremos nosotros quienes pondremos los límites a los alcances de la inteligencia artificial (IA) y sus beneficios para nuestra sociedad, incrementando la capacidad de las personas.

Lo interesante de esta perspectiva es que todos hablan de la inteligencia artificial, pero muy pocos hablan de la inteligencia real (IR), como si esta estuviera estática, inamovible y desde ahí nada más se pudiera hacer, considerando que la misma generación de información produce por ella misma desarrollo intelectual, por lo tanto, el pensar queda a merced de redes y plataformas digitales.

Por suerte, y usted lo puede ver ya en niñ@s pequeñ@s, la digitalización trae distintas formas de lectura y aprendizaje, y es así como se puede sorprender con la forma inconsciente y automática con la cual niñ@s de tres a cinco años hacen sus aprendizajes e integran información proveniente de una cantidad mayor de medios que aquellos que existían y estaban disponibles, hace cincuenta, treinta, e incluso diez años.

Importante por arriba de todo vuelve a ser aquello que nos ha distinguido de las otras especies y que se relaciona con la superación de nosotros mismos, esa “pulsión” que nos empuja a ir mucho más lejos que la mera sobrevivencia, buscando superación en distintas áreas, en un continuo infinito.

Por supuesto, modelos asociados a las tecnologías de desarrollo humano, como por ejemplo PNL, mentoring, coaching, hipnosis, así como tantas otras metodologías que permiten que las personas logren estructurar mejor sus ideas y pensamientos, usan principios provenientes de la integración de distintas disciplinas tales como filosofía, psicología, neurociencia, física, para de esta manera activar nuevas modulaciones y articulaciones del pensamiento hacia distintos propósitos y finalidades que son de nuestro interés.

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