Una de las paradojas más clásicas es la generada por el profesor que le dice a sus alumnos:
“No crean en nada”.
Si por un lado le aceptan al profesor ese postulado, no pueden creer lo que él está planteando.
Por otro lado, si no lo aceptan, o sea creen en su planteamiento, éste mismo dice que no es creíble.
Esta estructura de paradoja fue detectada como uno de los principios básicos de las disfuncionalidades de comportamiento.
Las paradojas, como tales, no tienen solución.
Para lograr una “solución” terapéutica, estas no deben ser aceptadas o, una parte de ellas, debe ser resignificada para que la paradoja como tal deje de existir
